domingo, 18 de noviembre de 2007

La condición de 'paloma' de España

Mucha tinta merece y todavía más es la que se gasta escribiendo sobre los diversos acontecimientos en la política exterior española que han acaecido últimamente, aquellos que hemos estado pendientes de la actualidad política se podría decir que hemos recibido un máster intensivo estos días en relaciones internacionales. Por un lado, la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla con las protestas del país alauí por delante, por otra parte el 'rescate' de los detenidos en Chad con el aterrizaje estelar de Sarkozy con las azafatas incluido y, en tercer lugar, de nuevo el Rey en el punto de mira por mandar callar a Chávez en una cumbre de países latinoamericanos, son los tres fenómeos más destacados de lo que ha pasado últimamente dentro de lo que podríamos llamar España en el Mundo, que no es poco.

Hay un rasgo común entre estos tres países (Marruecos, Chad y Venezuela) que han planteado problemas en el papel internacional de España: no son estados de su envergadura política, democrática ni económica. Y aún así, han desafiado a una potencia mucho mayor como la nuestra y han salido indemnes, ¿por qué?

Por cierto, Chávez no es un dictador (todavía), pero en su currículo constan un golpe fallido de Estado, la represión violenta de movimientos estudiantiles y el cierre de televisiones, entre otras virtudes de su peculiar estilo de gobierno que ha sumergido a su país, aún más, en la corrupción, ocupando uno de los puestos más bajos en el ránking de Transparency.org. Que cada cual juzgue y considere según su propio criterio si realmente una democracia populista, en la que la mayoría hace lo que se le antoje sin respetar los derechos fundamentales de las minorías, es una verdadera democracia.

Si España desarrolla una diplomacia no agresiva -con quien debe-, adopta una actitud de paloma, ante otros estados menos poderosos y además no hace uso de su poder blando, es decir, su capacidad de persuadir económica y culturalmente a estos países, ¿qué será capaz de hacer nuestro país frente a grandes potencias como Estados Unidos, China o Alemania?

En mi opinión, si España quiere, además de mirar por su propias vías de expansión comercial, ser un referente internacional de protección de los Derechos Humanos, liderar la lucha contra el cambio climático como ha pedido Ban-Ki-moon a Zapatero y contribuir al desarrollo de los pueblos del mundo, no puede seguir tolerando actitudes irrespetuosas, que cuestionen o que minusvaloren nuestro papel internacional. España debe mostrarse como un actor protagonista, capaz de actuar con una efectividad directa en las cuestiones que le atañen, teniendo la obligación de salir siempre beneficiada de sus relaciones, procediendo por las vías oportunas, más blandas o más duras (y no me refiero en términos militares), que aseguren que sus objetivos se cumplen, partiendo de que son legítimos y además buenos para los pueblos.

Ramón Villaplana

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